Edurne Pasaban no creció soñando en convertirse en alpinista profesional. En Tolosa (Guipúzcoa), donde nació el 1 de agosto de 1973, practicar deportes de montaña era algo habitual en su vida. Pero nunca se planteó dedicar su vida plenamente a ello.Por eso completó sus estudios de Ingeniería Técnica Industrial en la UPV, completo el programa SEP (senior Executive program) en la Business School de ESADE de Barcelona y después obtuvo un Master en de Recursos Humanos. Su primer trabajo como profesional fue como ingeniera en la empresa familiar, dedicada a la construcción de cortadoras y bobinadoras de papel. Más adelante fundaría su propio negocio: un pequeño hotel rural y restaurante en el País Vasco, "Abeletxe".
Pero lo suyo era un talento natural para moverse en la montaña, lugar poco habitual para una mujer. El interés compartido por sus compañeros y su ilusión cada vez mayor llevaron a Edurne a buscar picos más allá del País Vasco y Pirineos. Cuando tenía 15 años, su primo Asier (futuro compañero de cumbre en varios ochomiles) le enseñó a escalar en roca. Un año después ascendía el Mont Blanc. Luego escaló en Andes para, finalmente, enfrentarse a su primer reto himaláyico: el Dhaulagiri, que intentó (sin cumbre) en el 98.
En el 2001 le llegaría la oportunidad de su vida: escalar un pico de más de ocho mil metros, experiencia que pocos montañeros pueden permitirse. Desde entonces nunca le faltaron invitaciones, pero también le esperaban momentos amargos. Escalando el Dhaulagiri, el día de hacer cumbre la montaña estaba en condiciones muy peligrosas y Edurne tomó la difícil decisión de no subir. Su amigo Pepe Garcés sí lo intentó, y un resbalón le costó la vida. La expedición al K2, algunos años más tarde supondría quizá el reto más complicado de su carrera. Exhausta y con los pies congelados, en una lucha al límite por la supervivencia, la aventura le costó una larga y dolorosísima recuperación en el hospital, y dos dedos de los pies amputados.
La chica que sólo quería escalar con sus amigos se había convertido en un verdadero líder de expedición. Es hoy la primera mujer en hacer cumbre en las 14 montañas de más de ochomil metros que existen en el mundo. Azaña de la que pueden presumir menos de 20 personas en el mundo.
Pero más allá de sus indudables méritos deportivos Edurne es hoy una de las ideólogas y principales cabezas visibles de la Fundación Montañeros para el Himalaya dedicada a financiar y desarrollar proyectos relacionados con la educación elemental de los niños y niñas del Himalaya.
Edurne Pasabán
Pero lo suyo era un talento natural para moverse en la montaña, lugar poco habitual para una mujer. El interés compartido por sus compañeros y su ilusión cada vez mayor llevaron a Edurne a buscar picos más allá del País Vasco y Pirineos. Cuando tenía 15 años, su primo Asier (futuro compañero de cumbre en varios ochomiles) le enseñó a escalar en roca. Un año después ascendía el Mont Blanc. Luego escaló en Andes para, finalmente, enfrentarse a su primer reto himaláyico: el Dhaulagiri, que intentó (sin cumbre) en el 98.
En el 2001 le llegaría la oportunidad de su vida: escalar un pico de más de ocho mil metros, experiencia que pocos montañeros pueden permitirse. Desde entonces nunca le faltaron invitaciones, pero también le esperaban momentos amargos. Escalando el Dhaulagiri, el día de hacer cumbre la montaña estaba en condiciones muy peligrosas y Edurne tomó la difícil decisión de no subir. Su amigo Pepe Garcés sí lo intentó, y un resbalón le costó la vida. La expedición al K2, algunos años más tarde supondría quizá el reto más complicado de su carrera. Exhausta y con los pies congelados, en una lucha al límite por la supervivencia, la aventura le costó una larga y dolorosísima recuperación en el hospital, y dos dedos de los pies amputados.
La chica que sólo quería escalar con sus amigos se había convertido en un verdadero líder de expedición. Es hoy la primera mujer en hacer cumbre en las 14 montañas de más de ochomil metros que existen en el mundo. Azaña de la que pueden presumir menos de 20 personas en el mundo.
Pero más allá de sus indudables méritos deportivos Edurne es hoy una de las ideólogas y principales cabezas visibles de la Fundación Montañeros para el Himalaya dedicada a financiar y desarrollar proyectos relacionados con la educación elemental de los niños y niñas del Himalaya.